Cuando se producen lesiones de gran tamaño en la piel, llega un punto en que nuestro cuerpo no tiene la capacidad de regenerarse. Si no recibimos tratamiento médico este tipo de heridas pueden llegar a suponer un riesgo para la vida. Normalmente se recurre a un trasplante de piel, incluso en algunos hospitales pueden extraer células madre, cultivarlas y trasplantarlas. En un trabajo recientemente publicado en Nature, usando solo cuatro factores de transcripción han conseguido reprogramar las células que quedan en el tejido vivo y formar una nueva capa epitelial. De esta manera podríamos evitar cirugías y las complicaciones que tienen las técnicas actuales, ya que sería nuestro propio cuerpo el que regeneraría la piel. Veamos que es lo que han conseguido estos investigadores:

Fig.1 Epidermis regenerada con la nueva técnica. En rojo las células mesenquimales que luego se convertirán en queratinocitos (verde).

La epidermis es la capa más externa de la piel, permite que se pueda mantener la homeostasis del cuerpo y además lo protege frente a agresiones externas (Fig.2). Está compuesta principalmente por queratinocitos y podemos distinguir en ella varias capas. En la capa basal (Fig.3), la más interior, es donde se van diferenciando los queratinocitos (a partir de células madre epiteliales) que luego irán migrando hacia las capas más exteriores. Este proceso de migración es relativamente rápido, de hecho en unos 48 días la epidermis se habrá regenerado completamente.

Fig.2 Epidermis, barra blanca, en un corte histológico. Fuente: Wikipedia

Fig.3 Distintas capas de la epidermis. Las células se van compactando al acercarse a la superficie (estrato córneo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando se produce una lesión, los queratinocitos tienen la capacidad de migrar a las zonas cercanas y promover el proceso de reparación. Existen casos en los que el mecanismo de reparación del cuerpo no es suficiente, por ejemplo, en heridas profundas y extensas en las que no queden prácticamente queratinocitos. En otros casos se pierde la capacidad regenerativa, por ejemplo: en personas mayores, en enfermos crónicos de diabetes, etc. Es entonces cuando es necesaria una ayuda externa. En este caso, los investigadores pensaron que lo ideal sería poder reprogramar las células que quedaran en la lesión, normalmente células mesenquimales (ver fig.1), y que éstas volvieran regenerar el tejido epitelial.

Al analizar la expresión genética de las células, los investigadores lograron identificar cuatro proteínas (factores de transcripción) que hacen que las células mesenquimales puedan transformarse en queratinocitos y de esta manera iniciar el proceso de regeneración. Pero para poder aplicar esta terapia en la propia lesión, necesitamos llevar estos factores de transcripción a las células; y para ello los investigadores utilizaron un retrovirus. Este tipo de virus es capaz de transferir el material genético  a una célula, se utilizan mucho en investigación para transferir el material genético que nos interese a una célula y modificar el comportamiento de esta.

Esta investigación se llevó a cabo en ratones y tras 28 días, los ratones que habían recibido este tratamiento consiguieron regenerar piel completamente sana y funcional en heridas que de otra manera nunca se hubieran podido curar. Además, se comprobó que la piel seguía comportándose de manera idéntica a la piel normal durante un periodo de seis meses, incluso a niveles de expresión génica y molecular.

Aún se necesitan muchos ensayos para que sea aplicable en humanos, sobre todo para evaluar la seguridad del tratamiento, pero este tipo de estudios abren camino hacia nuevas terapias. De hecho podemos imaginar que en un futuro no muy lejano este tipo de técnicas puedan ser aplicadas a otros tejidos o incluso órganos! Eso si que sería una gran revolución. Poco a poco seguimos avanzando, entendiendo un poco más como funciona nuestro maravilloso cuerpo 🙂